sábado, 04 marzo 2006

ENTRE LA FE Y EL EQUÍVOCO

Por Antonio DIAZ TORTAJADA

Se cumplen este año los cuarenta años de la muerte del cura guerrillero Camilo Torres. Eran tiempos de frenesí revolucionario, de contagio emocional irradiándose desde la revolución cubana, que permitían creer que esa vía armada era la vía correcta, la vía única y además factible y realizable para emprender la supuesta epopeya libertaria que debía conducir a conquistar ese bíblico paraíso laico llamado socialismo.
Lo equívoco, lo retardatario, lo antirrevolucionario y hasta lo peligroso en ese entonces era cuestionar o mirar crítica e inteligentemente el verdadero significado de esa alternativa de horror y muerte que planteaba la conquista de ese confuso y mal soñado sueño.
La presencia del cura Torres en ese proyecto aventurero y carnicero, sin duda alguna, legitimó en términos morales y políticos la posibilidad de asumir la lucha armada como un camino auténtico, tanto para la realización existencial como para la realización de esos ideales que eran colectivos. Su ejemplo ayudaba a asumir esa especie de compromiso inexorable en la historia.
Todas las épocas comparten procesos de estirpe esencialmente emocional y pasional, de grandes pulsiones colectivas que alimentan y refuerzan la "hermosa violencia" de los impulsos interiores. Épocas donde la política, antes que análisis, antes que fría y calculada ingeniería pragmática que determina y orienta los cursos de la acción, hace que colectivos sentimientos y pasiones se desaten y prevalezcan como elementos decisivos que impulsan el quehacer político.
Es cuando la política también es una fe, que sin duda puede hasta mover montañas, cuando es una comunión sentimental con grandes ideales. La política, siempre y cuando no sea un simple engendro maquiavélico, no es en muchas ocasiones un frío esquema racional que prescribe las acciones, es fe, de alguna manera estremecimiento religioso, no es un acto matemático y aséptico. Y en ese sentido demanda y exige compromiso y, sobre todo, impone autenticidad.
En este contexto es que debemos comprender el gesto del cura Torres y el emotivo proceder que convocó a toda una generación en los rituales erráticos de esa lucha despiadada. Ninguna fe puede ser racional, pues la fe no resuelve las dudas, las consume. Hoy podemos "juzgar" lo equivocado de los procesos y los métodos que condujeron a su fracaso en lo político, pero ni hoy ni nunca podremos someter a juicio válido los fundamentos éticos, las maravillosas fuentes de su autenticidad humana, esa que permite que alguien entregue su vida a una causa en la que cree y en la que sueña. En este sentido, Camilo fue ejemplar. Fue una figura que encarnó como pocos la autenticidad y la entrega, la hermosa plenitud de un hombre que no traicionó nunca su verdad interior. Lo trágico y estúpido es suponer que toda fe política, o que todo gesto de autenticidad es atemporal y escapa a los condicionamientos de la historia.

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martes, 28 febrero 2006

ORACION DE LA FAMILIA

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Por Antonio Díaz Tortajada

Bendecid nuestra relación familiar
Jesús, José y María, Sagrada Familia de Nazaret
modelo y ejemplo de vida plena.
Bendecid nuestro amor,
fruto de la entrega y la donación.
Hemos recorrido un largo camino,
lleno de alegrías y tristezas,
de encuentros y desencuentros,
de luces y de sombras.
Y aquí estamos,
con vosotros y junto a vosotros
os ofrecemos lo que somos:
Una vida cargada de contradicciones y luchas
dolores y aflicciones
y dando gracias por el gran amor
que a pesar de todo váis manifestando
a través de las pequeñas huellas de nuestra vida.
Sagrada Familia de Nazaret:
Vuestra presencia a nuestro lado
nos alienta a salir del desánimo que nos aflige
nos va enseñando a descubrir lo mejor del otro,
a mostrarnos el camino del perdón y la paciencia,
y nos abre las puertas de la entrega y la comunión.
Sagrada Familia de Nazaret: Fecundad nuestra unión
como esposos y como padres con alegría cotidiana.
Sembrad la concordia, el abrazo y la caricia.
Sabemos que hiciste maravillas,
Señor, en María y José su esposo
Y por eso, unidos ante Ti,
a imitación de estos santos esposos cantamos con gozo y esperanza:
Gracias por la vida que nos ha dado tanto.
Gracias por nuestra unión muchas veces fluctuante.
Gracias por nuestros hijos.
Gracias por nuestro amor.
Nuevamente nos ponemos en tus manos,
¡Bendecid nuestro hogar, Jesús, José y María!
Amén.

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jueves, 23 febrero 2006

LIBERTAD VERSUS RESPETO

por Antonio DIAZ TORTAJADA


Si el islam hubiese permitido la expresión gráfica de la figura de Alá, o de su profeta Mahoma, seguramente habría contribuido de manera enorme y significativa al desarrollo del arte, como lo hizo la cultura cristiana. Pero decidió no permitir que hubiese imágenes en su culto y eso es, y debe ser, totalmente respetable. Quien se atreva a violar ese paradigma, en nombre de una de las libertades propias de la cultura occidental, olvida que esas libertades tienen límites, entre los cuales sobresalen el del bien ajeno y el del respeto hacia las creencias y valores de los demás.
Todo el que hasta este momento hubiese ignorado que el islam prohíbe la representación de Dios, o de sus profetas, en imágenes, ahora esta plenamente notificado de que dicho precepto es uno de los más sagrados de la fe musulmana. Por eso puede comprender que la publicación de unas caricaturas en las que alguien se toma el atrevimiento de representar gráficamente, y de paso ridiculizar, al máximo de sus profetas, constituye una violación y una afrenta.
Todas las religiones del mundo aceptan, o soportan, militantes que van desde lo fanático hasta lo desteñido. Pero si algo les une, aparte de unos principios fundamentales, es precisamente cualquier ofensa que golpee a unos y otros donde más les duele. Lo que por lo general sucede cuando se pisotea uno de esos principios.
La excusa de los protectores del caricaturista, y de quienes han reproducido sus imágenes, no podría ser más insuficiente y contradictoria frente al conjunto de los valores de la civilización occidental. La razón es muy sencilla: El ejercicio de las libertades, deja de ser un acto virtuoso para convertirse en vicioso cuando pisotea otras libertades y ofende, a propósito, el alma de pueblos enteros.
Las reacciones del lado de los ofendidos sacuden al mundo y llenan las pantallas y los titulares, pero casi nadie repara en el hecho elemental de que el asalto a embajadas y la quema de banderas, más todo lo que pueda venir, no se habría producido si no se hubiese dado la ofensa inicial. Ofensa particularmente significativa en medio de esa extremada sensibilidad entre Islam y Occidente que se ha ido fermentando debido a acciones y equivocaciones de ambos lados.
Puesta a prueba, hipotéticamente, la fidelidad al principio de la libertad de expresión, está por verse si los periódicos y medios que han publicado, ostentosos o chismosos, las caricaturas danesas, estarán dispuestos a publicar con el mismo fervor los horrores que se puedan dibujar sobre personajes, hechos y fenómenos de esos que Occidente pueda llevar en el alma, o que le puedan causar vergüenza.

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domingo, 19 febrero 2006

YO PINTÉ A DIOS

Por Antonio Díaz Tortajada

Me he paseado por los servicios públicos de las estaciones de autobuses, facultades de universidad o superficies comerciales, y me ha encontrado con grafittis muy buenos. Las puertas de estos lugares recogen dibujos de alta categoría artística y otros que producirían risa, pero nos quedamos serios para no revelar ignorancia. También estos lugares contienen otros mensajes que silenciamos.

Yo me he tragado carcajadas ante la mujer llorando de Picasso y me he quitado el sombrero ––aunque no llevo––, con disimulada sonrisa de Gioconda, ante las gordas de Botero. Y finalmente están las caricaturas de prensa y de éstas hay también variedad de estilos y categorías.

Hay dibujos para reír y para llorar. Los hay para enfurecer y los hay para hacer pensar. Los hay impublicables y otros que, a pesar de serlo, se publicaron. Y entre los temas delicados, ninguno tanto como el de las religiones. Se topa fácilmente con fanatismos e intransigencias. La inteligencia, por el contrario, no es fanática y transige con el humor y si lo encuentra despreciable, prefiere ignorarlo y no irse a la guerra santa.

Caricaturas del Dios cristiano las he visto en biblias y en catecismos infantiles. Son dibujos amables, lógicamente. Parece que al profeta Mahoma, por canon de esa creencia, no se lo puede dibujar de modo alguno.

A mi me gusta dibujar lo que he visto y he contemplado, pero lo que no conozco siempre es una caricatura de uno mismo.

Si me he atrevido con Jesús de Nazaret, el gran profeta del cristianismo, ha sido por medio de siluetas ingenuas, por lo general inscritas en el recibimiento de alguno de los políticos en el cielo de los ‘justos’. Esto porque a nadie he colocado en el infierno ni me creo un Buonarotti para hacerlo, como tampoco se me hubiera ocurrido pintar al profeta del cristianismo, hijo de Dios para los creyentes, con atuendo terrorista o de secuestrador.

Todo tiene su medida. Hay que autorregularse. Con la malicia con que se hace la caricatura debe medirse su oportunidad, como quien mide la temperatura del agua con la punta del pie. El asunto de los dibujos daneses es además extraño por la reacción que provocaron, tan extemporánea como desproporcionada.

No sé cómo ni en qué circunstancias se tomaron las tales viñetas como un desafío entre culturas. Quizás todo venga hilado con la reacción que quemó autos en París, por centenares, o con el rechazo legítimo del alma iraquí a la tortura de sus connacionales. Avanza, entre tanto, el juicio a Hussein y el Hamas se convierte en Autoridad Palestina, al tiempo que Irán hace conatos nucleares. Todos estos temas son más grandes e importantes, pero mucho más, que los dibujos improcedentes, que rozaron una piel lastimada.

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