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miércoles, 08 junio 2005
18-J: POR NUESTROS DEBERES
Por Antonio Espíldora
Las familias no salimos a la calle el día 18 de junio para reivindicar un estatus social, ni para defender una opción sexual, ni para reclamar privilegios.Las familias salimos a la calle para exigir nuestros derechos, sí; pero no con un mero espíritu reivindicativo o de orgullo de género.
Y es que la familia tiene derechos solamente en cuanto tiene deberes.
Precisamente porque la familia natural tiene el deber de asegurar, las condiciones adecuadas para acoger la vida humana en el contexto más digno posible, en el seno de una comunidad conyugal constituida por la verdadera donación entre el varón y la mujer; precisamente porque tenemos la responsabilidad de seguir dando vida a nuestros hijos en las mejores condiciones posibles, ayudándoles a que se reconozcan como personas (varón o mujer) y a que crezcan como tales; precisamente porque es deber de la familia, como célula básica de la sociedad, armonizar, equilibrándolos, los distintos ámbitos de la convivencia (laboral, cultural, político, religioso, etc.), por todo ello necesitamos que se reconozcan a la familia los derechos necesarios para cumplir adecuadamente su función social.
Y desde esta perspectiva, el primer derecho de la familia frente a la sociedad es que se le reconozca su identidad propia y que se acepte efectivamente su papel esencial.
Porque la equiparación injusta con otro tipo de uniones debilita los valores propios de la institución familiar, obstaculizándole gravemente la realización de su imprescindible de su misión.
En este momento no están en juego meros derechos individuales.
Están en juego los derechos y deberes de la familia y, en consecuencia, el bien de la persona y de la sociedad.
No basta con que las leyes no ataquen directamente a la familia natural, sino que es preciso reclamar que sostengan y defiendan positivamente los derechos de la familia, que no son sino la garantía necesaria para poder cumplir sus deberes.
No están en juego en este momento meros derechos individuales, sino el bien de la persona y de la sociedad.
Exijamos nuestros derechos para poder cumplir nuestros deberes.
Es una cuestión de responsabilidad.
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