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martes, 26 julio 2005
HABLANDO SOLA
Por Esteban Sala
Este pasado invierno, una mañana al salir de casa, vi pasar una joven mujer hablando sola y tirando del carrito de la compra. Todos la mirábamos. Las otras personas siguieron andando. Me esperé y la seguí con la mirada.
De repente paró y sacó de dentro del carro a su hijito. Hacía mucho frío y apenas caminaba. La madre, llena de amor, solucionó el problema. ¡Cuánta ternura!
Muchas veces, una persona hace cosas que nosotros no entendemos y fácilmente desaprobamos sin conocer los hechos en su totalidad. Es bueno aprender a esperar, observar y procurar analizar los hechos con objetividad, porque las opiniones o los juicios precipitados fácilmente nos exponen al error.
Una mujer que hablaba sola, poco después era una madre llena de amor y paciencia. Nuestros tiempos son tiempos de prisas. La mayoría de nosotros estamos atrapados, nos guste o no, en esa realidad y en la superficialidad como consecuencia.
No siempre que se vive deprisa se vive superficialmente. Hay excepciones. Pero, por lo general, tendemos a ello. También tendemos a una crítica fácil, fruto de la irreflexión y de un cierto gregarismo, que nos lleva a desaprobar todo lo que sale de nuestros esquemas.
Una importante parte de nuestra sociedad nada en la amargura y el resentimiento. Para ella la crítica fácil y la desaprobación de la persona distinta, infrecuente u original es fácil.
Olvidamos, tal vez, que un grupo nunca muestra tanto su calidad humana, como cuando sabe valorar al prójimo, desde la complementariedad y el respeto.
Urge redescubrir la reflexión personal, la lectura, el estudio, la escucha activa y la observación interior, para saber captar la riqueza del prójimo. Para valorar al otro en su grandeza y desde la diversidad. Para no interpretar al prójimo y a los acontecimientos con una lectura fácil, superficial y gregaria, que tiende a convencer a los ya convencidos. Que deja sumida a la persona negativa en la certeza de que, en el mundo, todo va mal y de que no se puede ser bueno o tener altura de miras.
Vivimos tiempos difíciles. Pero a pesar del entorno que nos rodea, un entorno egoísta y materialista, tengamos la talla de ir un poco más allá de la primera impresión. Sepamos esperar un poco y, tal vez, veremos a otras personas, aparentemente locas, extraer de su carrito de compras, con amor y ternura, a otro niño o niña necesitado de afecto. A veces ridiculizamos a los que nos superan porque no nos molestamos en intentar entenderlos o porque, con su presencia o testimonio, pueden cuestionar nuestras certezas superficiales y gregarias.
00:00 Anotado en ESTEBAN SALA MARTORELL | Permalink | Comentarios (0) | Email esto








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