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miércoles, 27 julio 2005
¿Qué vale tu vida?
Hace unos días fui con mi familia a una tienda de animales. Había varios perros de distintas razas a cual más elegante y una sola urna con gatos domésticos y muy corrientes: 300 euros los ejemplares de perro más barato y 30 euros los de los mininos mínimo. Pensé luego que también habría gatos muy valorados tipo persa, angora, siamés,… Pero sobre todo me fijé en el hecho de que a esos animales se les ponía precio. Nos hemos acostumbrado a ello y quizá no caemos en la cuenta de lo que implica poner precio a la vida, aunque sea a animales.
Vivir nos cuesta, cada vez más, pues hemos de atender una serie de necesidades y las que no son tanto para que nosotros y nuestras familias estén a gusto, cómodas, si podemos, si el sueldo y los gastos varios en los que nos metemos nos lo permiten. Al menos asegurarnos un nivel de vida digno y estable, ése es el objetivo. Hasta la misma adopción de niños es costosa, cuando unos padres no pueden o no quieren pasar por el trance del parto. Dejar esta vida también cuesta económicamente una cifra no menospreciable.
Pero poner precio a la vida no implica realmente valorarla adecuadamente. No somos objetos o animales que deban o puedan ponerse en venta. Somos sujetos de derechos y deberes y el principal de todos ellos es el respeto y la dignidad de la vida humana. Sin este derecho-deber todos los demás se caen por su propio peso. Con la vida no se puede jugar ni disponer de cualquier manera sin sufrir tarde o pronto las consecuencias. Todo atentado contra la vida, contra la naturaleza, contra la vida del hombre y la mujer, siendo éste o ésta no nacido, niño o niña, adolescente, adulto o anciano, es un atentado contra uno mismo. Cuando lo que se pone en juego es el respeto, el valor y la dignidad de la vida humana se juega con toda la humanidad.
¿Qué vale tu vida? ¿Es cuantificable económicamente? ¿Te consideras con más valor que los demás? ¿para quién? Tu vida vale tanto como tu dignidad al vivirla. No hay que esperar a la muerte para despedirse dignamente. Hay que hacerlo ya, si no tu vida no es digna y nadie, empezando por ti la valorará adecuadamente.
Terri Schiavo, Karol Wojtyla, tus abuelos o los enfermos de tu familia o los de tu pariente o amigo más cercano, esas y otras vidas, la de cualquier ser humano que tengas más a mano, por ejemplo, tú mismo, no valdrían nada si no hubiera alguien o algo que les diera un sentido, una dignidad, un peso, una consistencia,…. ¿por qué piensas que valen sus vidas más o menos que la tuya? Vive, vivamos, y deja, dejemos, vivir.
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