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lunes, 08 agosto 2005
¿Y si no hubiéramos nacido?
Si para nuestros padres, y hoy en día también, en algunos casos, para un juez, incluso para una clínica de fertilidad, para quien fuera, hubiéramos sido sólo un pequeño óvulo fecundado que podría no ser “conveniente” su implantación en un útero, y no se hubiera llegado a desarrollar como persona humana, como somos usted y yo, hasta hoy, ni podía haber escrito esto yo y ni usted leerlo. Fíjese la cantidad de palabras, gestos y relaciones que hasta ahora se habría ahorrado la humanidad sin tenernos a nosotros, a usted y a mí.
Bien, pues esto multiplíquelo por todos los abortos, eufemísticamente llamados “interrupciones de la gestación”, naturales y voluntarias, que ha habido hasta ahora. ¡Qué pérdida humana tan grande!
No teníamos necesariamente que nacer, para la humanidad entera no éramos totalmente imprescindibles y, sin embargo, nacimos. Estamos aquí. Formamos parte de esta historia común, se nos apuntó en un registro, se nos puso un número de identificación y sin nosotros ya nada es lo mismo, por mucho que nos insista nadie. Fue y es la vida una aventura maravillosa.
Unos pensarán en plan determinista que sí, que forzosamente habíamos de llegar a esta tierra de la forma y en el tiempo que lo hicimos. Yo les preguntaría porqué.
Otros quizá lo dejarán todo al azar, e incluso dirán que no es tan importante haber llegado aquí o a cualquier otro lugar o en otro tiempo, o de otra forma.
A éstos últimos les preguntaría, también a los otros, y a los que se creen muy seguros de tener la vida en sus manos, de su propiedad ¿y si no hubiéramos nacido? Que casi es lo mismo que preguntarse ¿qué es lo que hace que usted y yo vivamos, que seamos nosotros y no otros los que hayamos venido a la vida, a esta tierra, concretas, y no otras bajo quizá otras formas o dimensiones? ¿podíamos haber sido creados como otros animales (incluso en extinción), o como ángeles, o plantas, o animales, o minerales, o gases, …? ¿hay algo o alguien del que dependa o asegure el origen de la vida, su consistencia y viabilidad, la forma concreta de existencia y de transmisión de la misma a través de células fecundantes y fecundables,…?
Saquemos conclusiones según las respuestas razonablemente posibles: decir que el origen de la vida es el azar no es cierto, pues a una pregunta ontológica responderíamos con una metodología. La pregunta es un qué o un quién y respondemos con un cómo, lo cual no se corresponde. ¿Hay un señor del azar?
Si el origen de la vida lo ciframos precisamente en una realidad presente, algo o alguien, ésta podría ser la causa primera de la existencia, y parece que aceptándola todo encaja. Es decir, podíamos haber nacido o no, pero nacimos porque alguien lo quiso. Y esa voluntad podía ser incluso no sólo automática, sino interesada en llamarnos a la vida, de forma particular, a nosotros dirigida, precisamente a usted y a mí.
Para quien cree en un autor de la vida, personal e increado, la explicación de la existencia es mucho más sencilla y sin tantos rodeos, y ante la vida uno puede ser consciente y agradecido su corazón al mismo tiempo. Los niños y los ya ancianos saben muy bien de eso, porque en ellos están muy despierto este profundo deseo y curiosidad por la vida y lo que nos depara.
La pregunta ¿y si no hubiéramos nacido? podríamos entonces transformarla en esta otra: Ahora que sabemos que estamos vivos, que somos conscientes de ello, ¿a quién vamos a agradecérselo entregando nuestra vida, nuestro tiempo y energías, para seguir la cadena? ¿merece la pena desvivirse por alguien?
Miremos alrededor y descubrámoslo juntos: familia, amigos, trabajo, necesidades sociales,… seguro que hay alguien que espera nuestra palabra, nuestro gesto, nuestras actitudes amables,…y humanas.
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