« Libertad, de verdad, para todos | Página de inicio | Que la suerte te acompañe »
jueves, 08 septiembre 2005
LA AVENTURA DE EDUCAR
Por Antonio Espíldora
Decía Péguy que, verdaderamente, sólo hay un aventurero en el mundo: el padre de familia. Y lo decía no sólo por la aventura que supone colaborar en hacer persona a un pequeño ser con mofletes que nos entregan sin folleto de instrucciones, sino sobre todo porque, desde su perspectiva, todo en el mundo actual parece estar organizado en contra de ese visionario atrevido y audaz que se arriesga a fundar una familia. Cien años después de Péguy, y tras las diversas iniciativas legislativas perpetradas por nuestros gobernantes contra la familia en el último año, no puedo negar que esta tarea de ser padre de familia empieza a superar a una Ruta Quetzal por la selva amazónica. Pero es que, a la vista del Anteproyecto de Ley Orgánica de Educación, los doce trabajos de Hércules se pueden quedar pequeños al lado de la proeza de educar a los hijos en libertad contra la pretensión de papá Estado de anular, en la práctica, a los padres en la tarea de la educación. La futura ley pretende recortarnos el derecho fundamental a decidir sobre la educación de nuestros hijos, cercenar el derecho a educar según nuestras convicciones religiosas, morales y pedagógicas, y además, limitar injustificada e injustamente la libertad de la escuela de iniciativa social. Desde luego, la aventura continúa. En el más puro estilo aventurero, el anteproyecto se ha elaborado por la espalda y sin diálogo, casi por sorpresa, igual que te acechan los peligros al adentrarte en la espesura de una intrincada selva. Como a otros aventureros, se nos puede presentar la tentación del desánimo y del desaliento, de la pasividad o, incluso, del abandono. Pero no es momento de tirar la toalla. Nuestra aventura no es una locura fruto de un calentamiento veraniego. Hemos asumido un deber al traer nuestros hijos al mundo y, para cumplir ese deber, necesitamos que se nos reconozcan unos derechos. Tenemos derecho a educar a nuestros hijos. Y tenemos el derecho a hacerlo en libertad. Nadie le ha encomendado nuestros hijos al Estado, sino precisamente a nosotros. Y tenemos de nuestro lado el sentido común. No pretendamos esperar a que desaparezcan las dificultades para actuar, sino que, como buenos aventureros, empeñémonos en superar los obstáculos con audacia y valentía. Por lo tanto, es preciso exigir, por todos los cauces que nos permite el Estado de Derecho, el respeto a nuestro derecho a educar que, además, está reconocido en nuestra Constitución. Educar es una aventura apasionante.
00:00 Anotado en ANTONIO ESPÍLDORA GARCÍA | Permalink | Comentarios (0) | Email esto








Los comentarios son cerrados