« Sin perdón, no hay amor que valga | Página de inicio | La supuesta paciencia de Job »

jueves, 02 febrero 2006

Madre no hay más que una

Por Merche Mas Solé
            Un buen pretexto para crear redes sociales (mi párroco lo llama pastoral familiar indirecta) donde vivimos ha sido mi condición de madre de familia. No es difícil descubrir que a la salida de la escuela infantil, sobre todo en los primeros meses, cada niñ@ se va a su casa sin relacionarse con los otros. Que hay una especie de pudor en reconocer que se está solo (con todo lo que eso significa en un mundo donde a menudo trabajan ambos cónyuges y los abuelos no están siempre cerca), que se querría tener amigos y que no se sabe cómo iniciar una relación, y mucho menos cómo pedir ayuda.  Pensé que podía ser una buena idea  invitar a  mamás, papás o abuelos con respectivos niños/as a merendar y a jugar a la salida del cole. La respuesta tardó poco en llegar. Hoy ya no hay una tarde sin plan y a menudo nos ayudamos entre familias cuando nos necesitamos.
            Otra idea fue la de organizar, en colaboración con las maestras, talleres de manualidades  y merienda en el cole una vez al mes para “papás con niños” (bueno, sobre todo mamás, tatas o abuelos).  Durante dos horas, una vez al mes despuès de la escuela, en el jardín o dentro si hace frío, realizamos objetos con materiales pobres para vender en el mercadillo de fin de curso. No es una idea increíble, pero muchas amistades han nacido entre la cola y el papel. Y a ello se han añadido iniciativas como el grupo de papis que hacen teatro para los niños, el grupo de manutención de la escuela que decora los pasillos o arregla las lámparas, el coro de mamás... Luego  ha nacido el Proyecto Padres: charlas y grupos de intercambio sobre temas importantes como la comunicación y los conflictos en la familia, la adolescencia, los límites, el papel del papá, los padres separados...
El milagro que he visto (aunque no sea aun reconocido por la Iglesia Católica) es que los padres dejan de quejarse por las cosas que no funcionan, de criticar desde fuera,  y se arremangan para contribuir a la mejora de la calidad de la vida de todas las familias. Que la escuela deja de ser un aparcamiento para empezar a ser un poco más casa común.  Que algunos papis dejan de preocuparse sólo de “su niño”(si me come o no me come)  para empezar a preocuparse de la comunidad educativa. ¡Y eso es un milagro en estos tiempos que corren, no me digáis que no!
Hace poco una maestra de mi hija me pidió que estuvieramos atentos a una familia un poco tímida y aislada  respecto al grupo de la clase. Me hizo mucha ilusión que me lo pidiera. Quiere decir que empezamos a comprender que la red de familias es un recurso importante para prevenir problemas más grandes.

Los comentarios son cerrados