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miércoles, 01 marzo 2006
TRANQUILIDAD DE ESPÍRITU
Por José Carlos Beltrán
El valor más preciado por el hombre es sin duda la felicidad en todos los sentidos, y por el cual somos capaces de hacer lo que sea necesario, pero para adquirir la buena felicidad, la que nos distingue como seres humanos, para la cual Dios nos creo, la que perdura si la sabemos mantener, debemos de vivir en tranquilidad de Espíritu.
Desde que me dijeron que tengo delicado el corazón, y que no admite más intervención que el transplante, la vida y el pensamiento me dieron un giro muy significante, comprendí que en la vida no podemos obtenerlo todo, que con frecuencia es menester renunciar a muchas cosas que resultarían agradables, deje de dar valor a casi todo, quedándome con muy pocas cosas que despiertan mi interés. Por ejemplo una parte de mi tiempo la dedico a la lectura, porque siempre me ha gustado, me llena de enseñanzas y me hace sentir bien, con buen provecho del tiempo, enriqueciendo mis conocimientos para luego poder compartir con mis semejantes, de la mejor manera posible,. a través de mi obra literaria, o visual, orientada siempre a compartirla para enriquecer los sentimientos de quienes se acercan a ella con su lectura, y mucho más si sacan sus propias conclusiones.
Un tiempo dedicado a la oración, en el sentido de conversación con Dios, sincera y humildemente, pidiendo el consejo y aquello que interesa para mi persona, dándole gracias de estar como estoy, por esta enfermedad que es su voluntad, que me permite pasarla sin dolor y poder valerme por mi mismo, necesitando a los demás en las cosas de convivencia, pero no intimas, y ello es un gran favor. Oración de alabanza por ser el supremo de la creación y que me permite compartir esa creación, como hijo con plena autonomía. para hacer uso del don de la libertad, que tantas veces hago abuso de uso, de ahí el ruego de que me de fuerza para ser libre desde el amor, su amor. Oración de entrega a su voluntad, como instrumento que desea ser útil para sus fines en pro de la paz universal.
De las cosas cotidianas que pueden hacerme daño, me desprendo fácilmente, cosa que antes no era así, mi ego era superior a mi espíritu por querer alcanzar o aparentar dichas situaciones, o éxitos, que solían ser falsos ajustados a mi deseo, pero no alcanzados.
Ahora me siento feliz con tranquilidad de espíritu al saber vivir sin dar importancia a vanidades, egoísmos, mentirosos ante el quiero y no puedo, y de aquellos que nos ayudan a alejarnos de nosotros mismos ahogando la tranquilidad de espíritu, coartando la libertad, humillándonos, haciéndonos ver su falsa superioridad, porque la persona que goza de un mayor conocimiento de las cosas, suele ser humilde si de verdad es grande, lo contrario es un farsante, pero con su estilo embaucador, al menos en mi, me influía y me hacía perder la tranquilidad de espíritu con mucha facilidad.
Hoy al no darle importancia a ese tipo de cosas, me siento un ser mucho más libre, que me gusta compartir cuanto llevo dentro de mi, pero con amor, tratando de olvidar las flaquezas de los demás, y con ese intento tratar de ayudar a hacer posible un mundo mejor, en el que convivir sea un gozo y no “un valle de lágrimas” pero siempre siendo posible desde la perspectiva del amor.
Con esta reflexión sobre mi realidad actual sólo pretendo intentar recordar las cosas que son buenas en la vida, cada uno tendrá sus particulares, todo sirve si ello nos lleva a una tranquilidad de espíritu, que es la nos permitirá alcanzar un trozo de esa anhelada felicidad.
15:40 Anotado en JOSÉ CARLOS BELTRÁN | Permalink | Comentarios (0) | Email esto | Tags: encristiano








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