lunes, 02 enero 2006
LA VIDA ES BELLA
Por Carlos Jariod
Quiero hablarles de dos tipos raros. Aparentemente no tienen mucho que ver, pero están unidos en lo esencial. Déjenme que les cuente. Uno de ellos es esloveno y es polifacético: sacerdote, poeta, teólogo y… artista. Se llama Marko Iván Rupnik. El otro es japonés y su nombre es Etsuro Sotoo, también artista. Lo que a Etsuro le enamora es la piedra, trabajarla, mimarla, sacar de ella una criatura nueva. Desde 1978 trabaja en la Sagrada Familia de Gaudí, del cual se siente en deuda artística y espiritual. Cuenta que lo que le impulsó a quedarse en Barcelona fue observar los montones de piedras apilados al lado del templo diseñado por Gaudí. “¡Ésta es la mía!”, pensó. Y desde entonces trabaja en España.Rupnik es ante todo pintor. Como sacerdote y artista está preocupado por la función del arte en la iglesia actual y afirma sin rubor que “una Iglesia sin arte es una Iglesia aburrida”. Para él el principio de la evangelización es la fascinación, la belleza. Y ello es así, porque la belleza atrae y nos lleva por senderos desconocidos marcados por el rastro del Espíritu.
Probablemente Rupnik y Sotoo no se conocen, pero hablan el mismo lenguaje: el lenguaje de la belleza y de la verdad. Para ambos el arte es un modo de conocimiento, de preguntarse; un saber de uno mismo –primero del propio artista, luego del que disfruta de la obra- y, después, de la realidad en general. El japonés, por ejemplo, afirma que “para preguntar es necesario sentir que algo nos falta”; habla de nuestra impotencia, de nuestra nada, pero también de nuestra sed de verdad y de conocimiento.
La belleza es la respuesta de ambos artistas a la necesidad de conocer. Pero no es una belleza que surja de la exclusiva subjetividad del artista; es una belleza que nos trasciende. Contra el tópico del artista como un creador –un semidios- ambos creen que el artista no crea nada, sino que debe acrecentar, subrayar y exponer a los demás lo que nos ha sido dado: la vida, las formas, los colores… y por eso el arte es un servicio y no una mera expresión de cada artista.
Y ustedes dirán ¿un servicio a qué o a quién? Muy sencillo: un servicio al hombre y a Dios. Trabajando la piedra y penetrando en el espíritu de Gaudí, Sotoo se convirtió al catolicismo. Pintando, Rupnik reconoce que ha aprendido no a imponerse sobre la realidad, sino a descubrirla como don divino. Ambos han encontrado la respuesta a su sed de verdad: la belleza hija del amor de un Dios que nace pobre y que es respuesta a lo que todo corazón humano anhela.
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viernes, 14 octubre 2005
TIEMPO DE EDUCAR
Por Carlos Jariod
Vivimos en un tiempo difícil. Hoy más que nunca se difunden constantemente ideologías que suplantan al hombre transformándolo en marioneta del poder. A pesar de todo, los hombres poseemos esa capacidad de mirar con nuestros propios ojos la belleza, la verdad y el amor del mundo en que vivimos. A esa capacidad la llamamos libertad. El poder –todo poder y en todos los tiempos- quiere sustituir esa mirada genuina y particular de cada cual por la suya. Quiere controlar nuestras conciencias, sentimientos y voluntad. Quiere vaciarnos.Hoy es tiempo de educar. Siempre lo ha sido, pero hoy es una urgencia. Se diría que existe un proyecto bien trazado de eliminación del ser humano desde ideologías que no sólo ignoran o combaten a Dios, sino que destruyen con orgullo los valores auténticos y objetivos reconocidos por los hombres de todos los tiempos. Todo vale: “matrimonios homosexuales”, relativismo moral y político, falta de límites en todos los ámbitos, ausencia de modelos de conducta para los jóvenes, egoísmo y consumismo radicales, laicismo… Ante nuestros hijos se dibuja un mundo tan aparentemente atractivo como carente de esperanza y deshumanizado.
La nueva ley de educación propuesta por el gobierno (LOE) pretende que el Estado sea el único educador suplantando así a las familias en la formación de los hijos. Es una pretensión totalitaria que quiere arrancar del hombre su libertad. No sólo es la libertad de educar lo que está en juego; es la libertad de que el hombre se desarrolle como tal.
Ante el intento de arrancar del corazón del hombre lo más genuino de sí –la libertad de mirar con ojos limpios la realidad en la que estamos y vivimos-, la respuesta está en la educación. Educar es introducir al niño y al joven en la maravillosa realidad que tiene ante sí; educar es no tener miedo ante las preguntas que espontáneamente surgen cuando nos topamos con un mundo que no conocemos. Educar es ayudar a descubrir el significado de lo existente, y del hombre en su entorno. Educar es alimentar esa capacidad que llamamos libertad. Hoy, como siempre, educar es tarea peligrosa.
La principal tarea, pues, es ser conscientes de la importancia de la auténtica educación; porque, de ese modo, sabremos lo que está en juego: el hombre mismo y su libertad, raíz última del deseo humano de ser felices. ¡Qué necesario es que hombres y mujeres de toda condición nos unamos para defender la centralidad de la educación! Por ello, saludo agradecido a la nueva Plataforma Cívica Pro Educación “tiempo de educar”, en cuya página web se puede leer un precioso manifiesto a favor de la libertad y de la persona.
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miércoles, 29 junio 2005
GAYS, MALA EDUCACIÓN Y PEOR CIENCIA
Por Carlos Jariod
Don Juan Antonio Reig Pla, Obispo y presidente de la subcomisión de Familia y Vida de la Conferencia Episcopal, ha afirmado que el objetivo del Partido Socialista con el proyecto de ley sobre los llamados matrimonios homosexuales es “destruir la civilización cristiana”. ¿Una exageración? No lo creo. Les cuento dos anécdotas personales.Hace cinco años, cuando dirigía un Instituto de Secundaria, recibí una carta junto con unos carteles espléndidamente confeccionados; se trataba de una organización gay de nuestra comunidad que, bajo un supuesto amparo oficial (que luego se reveló falso), solicitaba la difusión entre el alumnado de la homosexualidad como una opción tan respetable y aceptable como la heterosexualidad. Todo lo contrario, ya se sabe, es homofobia.
La segunda es una referencia bibliográfica entre las muchas que se podrían citar. La psicoanalista Paloma Bermejo, reseñando el libro La configuración de la masculinidad, afirma que lo “masculino y femenino (…) pueden ser desestabilizados sin temor” y añade que “son el resultado de un proceso socio-cultural de división de género”. ¡Si el pobre Freud levantara la cabeza!
No lo dudemos, la ofensiva gay tiene sobre todo dos grandes frentes: la educación y la ciencia. Pronto a nuestros hijos se les enseñará que ser gay es estupendo y divertido y muy normal. Y, por supuesto, todo ello con dinero público. Por su lado, en ciencia prevalece el culturalismo (la forma de relativismo de las ciencias humanas): todo es cultura, incluida la biología. Quien defienda lo contrario ¡a la hoguera! Véase el caso de Aquilino Polaino.
En 2004 el líder gay Michael Signorile afirmó:”Luchar por el matrimonio del mismo sexo y sus beneficios; y entonces, una vez garantizado, redefinir la institución del matrimonio completamente, pedir el derecho a casarse no como forma de adherirse a los códigos morales de la sociedad, sino de desbancar un mito y alterar radicalmente una institución arcaica.(…) La acción más subversiva que pueden emprender los gays y lesbianas (…) es transformar por completo la noción de familia”.
La educación y la ciencia se revelan hoy como un campo de batalla sin cuartel. ¿Nos dejaremos amedrentar por este nuevo tribunal de la inquisición que se ha constituido en pleno siglo XXI?, ¿somos conscientes de la importancia de este envite para nuestros hijos? No se trata de defender una religión o una filosofía; se trata de atreverse a defender al hombre. Yo me atrevo. ¿Y ustedes?
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lunes, 16 mayo 2005
¡NECESITAMOS MÁS PAPÁS!
Por Carlos Jariod
A partir de la década de los sesenta se empezó a extender una grave crisis del modelo tradicional masculino. En un contexto bien diferente del actual, en Estados Unidos y (con matices propios) en Europa empezó a cuestionarse el papel y el lugar del hombre en la sociedad, su relación con la mujer, con los hijos, con su propia sexualidad… En fin, la identidad masculina quedó maltrecha.El feminismo radical, por su lado, ayudó a que muchos hombres no estuvieran seguros de su identidad masculina y, en ocasiones, se avergonzaran de ella; el modelo propuesto era la mujer “liberada” de los yugos masculinos, autosuficiente, emancipada y dispuesta a exigir del “compañero” el goce sexual que en otros tiempos se le había vedado. Una mujer volcada más en el trabajo que en el cuidado de los hijos y sobre todo en la maternidad, que es lo específicamente femenino. Un modelo de mujer que descolocaba al hombre y le ponía en serios aprietos.
La crisis del hombre y de lo masculino es uno de los rasgos más característicos de nuestras sociedades acomodadas. Y no es casual que ciertas ideologías, vinculadas siempre a la izquierda, hayan profundizado en la crisis de lo masculino; a mi juicio ésta ha sido la punta de lanza para cuestionar instituciones tradicionalmente sospechosas como la familia o conceptos como los de poder o autoridad, considerados caducos y trasnochados. Lo que representa la figura del varón y, más en concreto, la figura del padre es justamente lo contrario a lo que nos propone hoy el pensamiento débil, el relativismo y el individualismo radical.
Incluso me atrevería a proponer la siguiente hipótesis: el brutal ataque a la familia al que asistimos en España está propiciado por la progresiva construcción de una nueva idea de varón apenas diferenciada de la nueva identidad de mujer, que el feminismo ha elaborado en los últimos años. Un varón que es igual a la mujer y para el que las diferencias sexuales, psicológicas y afectivas no son relevantes.
Prueba de todo ello es lo que un autor ha llamado “el eclipse del padre”, de la figura paterna. Cada vez hay menos hombres dispuestos a ejercer de padres y a desempeñar el tradicional papel de autoridad sobre sus hijos (“autoridad”, etimológicamente significa ayudar a crecer); cada vez hay menos padres dispuestos a ser educadores de sus hijos y no meros acompañantes; cada vez hay menos padres que están seguros de lo que son y de la importancia de lo que pueden ofrecer a sus mujeres e hijas.
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viernes, 15 abril 2005
¿EDUCACIÓN O IDEOLOGíA?
Por Carlos Jariod
Todos conocemos la muy difícil situación por la que atraviesa la enseñanza en España. Desde que en 1990 se aprobó la LOGSE, el sistema educativo ha experimentado un progresivo y firme deterioro conocido por todos. Profesores, padres y alumnos reconocen mayoritariamente que es necesario un cambio, aunque sólo sea por el paupérrimo nivel de conocimientos en matemáticas y lengua (entre otras materias). Por ello, muchos de los que tenemos algo que ver con la enseñanza nos hemos sentido defraudados por el Anteproyecto de Ley Orgánica de Educación (LOE) propuesto por el gobierno.Resulta sorprendente que, después de quince años desde la aprobación de la LOGSE, el gobierno presente un texto que no aporta ninguna solución a los problemas, cada vez más acuciantes, que padecemos en nuestras escuelas e institutos. Me gustaría hacer dos reflexiones al respecto.
La primera, constatar la ceguera política del PSOE y sus aliados ante los problemas educativos. Parece que aquí no pasa nada. No hay un ambiente de larvada violencia en nuestros centros, no hay fracaso escolar –y, cuando lo hay, es siempre culpa de profesores o padres-, no ocasiona problemas la promoción automática, etc. Esta ceguera política, que imposibilita un gran pacto educativo, es sobre todo una ceguera ideológica: los hechos no se pueden ver, porque la ideología impera sobre el análisis de lo que realmente pasa en nuestros centros. Así, no se fomenta la figura del profesor y su prestigio, no se educa para el esfuerzo, no se premia la excelencia del alumno. El desánimo y la desorientación de profesores y alumnos no existen.
Por ello, y en segundo lugar, este Anteproyecto está cargado de una concepción profundamente ideológica, muy parcial, de la enseñanza. Se aprecia en muchos detalles, pero me remitiré sólo a uno: la materia “Educación para la Ciudadanía”. Impartida en la ESO y en el Bachillerato, esta materia pretende educar a nuestros jóvenes para ser buenos ciudadanos. ¿Pero acaso la enseñanza actual no pretende semejante objetivo? ¿Qué necesidad real desea cubrir esta nueva materia? Ninguna. Más bien es la necesidad de algunos de adoctrinar a una juventud cuyos ojos aún están limpios de ciertos prejuicios ideológicos. Pero educar es lo contrario: es abrirse a la vida y hacer posible que el alumno desarrolle todas sus capacidades humanas para permitirle ser feliz y para que pueda contribuir a un mundo mejor. Tengo serias dudas de que este Anteproyecto de Ley contribuya a esa tarea.
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