viernes, 17 febrero 2006

Excursion al Planetario de Madrid

Salimos a las nueve de la mañana. Subimos en el autobús. Éramos muchos niños y niñas de tercer curso de Primaria. Cantamos un montón durante el viaje. Casi sin darnos cuenta, llegamos a Madrid. Al poco tiempo se divisaba una especie de iglú de cemento. Habíamos llegado, por fin, al misterioso Planetario. Entramos con muchos nervios. Una señora de pelo negro y gafas grandes nos dijo que nos iban a explicar una gran aventura "desde la manzana al agujero negro".


Luego, estuvimos probando en una habitación experimentos sobre la gravedad, Isaac Newton y todo eso. Después, fuimos a ver en una pantalla muy alargada una película, que explicaba desde el planeta más grande, Jupiter, hasta el más pequeño, que creo que era Mercurio, o quizá el satélite de Júpiter, Io.


Más adelante entramos a la sala de proyección. Allí nos enseñaron lo que era una misión espacial. Había un satélite que se llamaba "Sara", otro "López", y nuestra nave se llamaba "Navisfera". Vimos en qué consistía una misión espacial. Durante la expedición se nos hizo una grieta en la nave, porque habíamos cruzado lso anillos de Saturno muy rápido y nos chocamos con su polvo cósmico.


Una vez que salimos de la sala, comimos nuestros bocadillos y por la tarde, como el Planetario estaba ya cerrado, nos pusimos a jugar en el césped. Luego volvimos a nuestras casas.

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domingo, 25 diciembre 2005

La bola de Navidad

Era Navidad. En el ayuntamiento, como siempre, ponían el árbol. Y en él había unas bolas muy, muy grandes. Un día de mucho viento, de repente se cayó del mismo una bola muy bonita y azul. La arrastró el aire hasta una casa sencilla del lugar. En ella vivían un padre, una madre y su hija, que se llamaba Ana. Ana salió un día a jugar y se encontró con la bola. Se lo dijo a su madre: "Mamá, mamá, mira lo que me he encontrado". A lo que ella respondió: "¡Hala, hija, qué bonita! La pondremos en el árbol de Navidad". La colgaron. Era distinta de las demás, brillaba con una luz especial. Cuando llegó el día de Navidad la bola se extrañó mucho de todo lo que desde allí veía: venían los Reyes, cómo cenaba la gente,... todo era muy especial y nuevo para ella. Cuando la guardaron, en la caja con las demás bolas, como era la más grande ocupaba más sitio que ninguna y empujó para ver por una pequeña abertura que ella misma se había abierto. Entonces pudo ver muchas más cosas, por ejemplo, los cambios de las estaciones del año.

Y colorín, colorado, esta fantasía mía se ha acabado.

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