jueves, 09 marzo 2006

La ONCE y el EMF-2006

La ONCE ofrece su apoyo al arzobispo de Valencia para el Encuentro Mundial de las Familias
(desde El Canyamelar de Valencia, José Angel CRESPO FLOR)

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El arzobispo de Valencia, monseñor Agustín García-Gasco Vicente, recibe mañana viernes, 10 de marzo, en audiencia a representantes de la Organización Nacional de Ciegos Españoles (ONCE) en la Comunidad Valenciana quienes tienen pensado ofrecer el apoyo de la entidad que representan para el próximo Encuentro Mundial de las Familias con el Papa que se celebrará en Valencia del 1 al 9 de julio.
La representación de la ONCE estará formada por José Ramón Garrido Muñoz,delegado territorial de la ONCE en la Comunidad Valenciana, y Emilio Silvestre, vicepresidente del consejo territorial de la ONCE Comunidad Valenciana.
La visita institucional pretende "establecer líneas de colaboración entre la organización y el Arzobispado, así como poner la ONCE a disposición del EMF para colaborar en todo lo que sea posible", según han indicado a la agencia AVAN fuentes de la entidad.
Antes de que esta reunión se produjera, el miércoles 1 de marzo y Miércoles de Ceniza, como se puede apreciar por la fotografía que ilustra esta columna, el delegado territorial de la ONCE José Ramón Garrido Muñoz recibió a una representación de la Hermandad del Santísimo Cristo de los Afligidos del Canyamelar (Valencia) que mantuvo con el delegado territorial una reunión de trabajo. Reunión motivada por el homenaje que este colectivo realizó al atleta paralímpico, David Casinos, afiliado a la ONCE y mejor atleta paralímpico de Valencia del año 2004). En la citada reunión se trazaron unas líneas maestras que fructificarán en una colaboración mutua entre la ONCE y la Hermandad del Santísimo Cristo de los Afligidos lo que en opinión de los representantes semanasanteros "vendrá a justificar la advocación que tiene nuestro Titular".
En dicha reunión y para perpetuar este principio de colaboración la Hermandad hizo entrega al delegado territorial de la ONCE José Ramón Garrido Muñoz del Velón de la Familia, algo que está llamando poderosamente la atención de todos cuantos han recibido dicho galardón.

Atracción por el riesgo y miedo al compromiso

Por María Traid

La juventud siempre se ha sentido atraída por el riesgo, mas nunca como ahora. Las competiciones elevan más y más el nivel de dificultad y riesgo; se inventan nuevos deportes para practicar en solitario la aventura del peligro y la velocidad se cobra cada día nuevas vidas jóvenes en las carreteras.

Cuando los jóvenes acuden al alcohol y a las drogas, lo hacen en parte por evadirse de la monótona realidad de sus hábitos gregarios, pero también por experimentar nuevos riesgos. Asistimos a una especie de plaga que se extiende sin que ningún laboratorio farmacéutico invente una vacuna eficaz. Y resulta paradójico que, a la vez, la juventud sea cada vez más reacia al compromiso.

¿No es compromiso un voluntariado con niños, enfermos o ancianos en el primer o en el tercer mundo? Sí, pero compromiso abierto, circunscrito a unas horas, unas vacaciones, incluso un año en acciones hermosamente humanitarias que dan calidad a su vida, mientras retrasan construir en serio su veda atándose en un matrimonio estable. Y esto pasa entre los que se dicen agnósticos y entre creyentes y practicante. Sobre todo les pasa a ellos, porque a veces ellas se van hundiendo en la amargura de ver frustrada su natural esperanza de tener marido e hijos.

Cada vez hay más solteros cercanos a los 40 y los sobrepasan que van de fiesta en fiesta coqueteando con el amor pero sin atraparlo. ¿Qué pasa? Pasa que la cultura de la banalidad y los ejemplos del desamor, tan abundantes, penetran como por ósmosis en una juventud carente de fortaleza moral.

¿Remedios? No podemos esperarlos –al menos de momento-, ni de las leyes ni de la política. Deberían llegar de padres y educadores. Y siempre queda el estupendo camino del contagio: cada pareja joven que se casa, tiene hijos y muestra a sus amigos la alegría extraída del compromiso a veces sacrificado y costoso, abre ventanas a sus amigos para que vislumbren la plenitud humana del amor comprometido y estable.

Y a veces –como recordaba Susana Tamaro en una entrevista-, de los malos ejemplos de los padres, pueden madurar las mejores convicciones en los hijos; del ejemplo del desamor puede nacer el anhelo de construir un núcleo de amor familiar.