miércoles, 08 marzo 2006
Identidad personal y nacional
Este artículo presupone otros dos anteriores a los que pretende culminar. En el primero proponía un esquema para asimilar los signos de crisis en la identidad nacional, sometida a un proceso de inercia pendular entre el “Estado católico” de la posguerra y el actual “Estado autonómico”. Si el régimen franquista decretaba una identidad formal, el actual también ignora la auténtica autonomía personal, para centrarse en las autonomías como reparto de poder. En el segundo artículo, la evidente crisis personal que late en lo que se denomina identidad de género, me ha servido, junto a la legislación del matrimonio de personas del mismo sexo, para ilustrar la tendencia de los estados actuales, si derivan en absolutos, a sustituir referencias pre-políticas de identidad, y llegan así a desarrollar incluso elementos de falsa identidad, comportándose como seudo dioses.
Este artículo presupone otros dos anteriores a los que pretende culminar. En el primero proponía un esquema para asimilar los signos de crisis en la identidad nacional, sometida a un proceso de inercia pendular entre el “Estado católico” de la posguerra y el actual “Estado autonómico”. Si el régimen franquista decretaba una identidad formal, el actual también ignora la auténtica autonomía personal, para centrarse en las autonomías como reparto de poder. En el segundo artículo, la evidente crisis personal que late en lo que se denomina identidad de género, me ha servido, junto a la legislación del matrimonio de personas del mismo sexo, para ilustrar la tendencia de los estados actuales, si derivan en absolutos, a sustituir referencias pre-políticas de identidad, y llegan así a desarrollar incluso elementos de falsa identidad, comportándose como seudo dioses. En este tercer paso quiero concluir con dos propuestas muy básicas. En primer lugar, a modo de compresión, constatar que la tensión Persona-Estado sigue en el centro de la política. La deriva totalitaria, en las democracias europeas, no es algo del pasado amenaza siempre que la personalidad del hombre, equilibrio entre relación trascendente y verdadera autonomía, es atrofiada u oprimida. En segundo lugar concluir lo obvio: que la única vía para abordar las diversas caras y niveles de las crisis de identidad, incluidos los ámbitos europeo o global, está en la iniciativa en “primera persona” de participación en los diferentes espacios de la vida social y política, desde la propia identidad.La dimensión religiosa es la fuente más radical de identidad personal y social, lo contemplamos en las relaciones internacionales y en la pluralidad cultural sobrevenida en nuestras sociedades, como una emergencia imprevista por muchos, sobre todo aquí en Europa. Nuestras raíces cristianas son las únicas que responden al origen de la necesidad común de referencia trascendente de identidad, y lo hacen desde la semejanza original con el Creador, previa a la confesión religiosa. Por ello quienes estamos arraigados en la fe cristiana tenemos una responsabilidad especial de actuar desde nuestra identidad en esta sociedad plural, conscientes de que hacemos así un servicio a otras personas y también a la vida política, pues sabemos que esas raíces cristianas lo son también de las realizaciones políticas de la historia de Europa.
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martes, 07 marzo 2006
Carta de S. S. Benedicto XVI
Carta del Santo Padre Benedicto XVI con motivo del V EMF (17-05-2005)
El venerado Santo Padre Juan Pablo II convocó, el 22 de febrero de este año, el V Encuentro Mundial de las Familias en Valencia, España, eligiendo como tema: "La transmisión de la fe en la familia" y señalando como fecha la primera semana de julio del año 2006.
Me es grato renovar la convocatoria de este importante Encuentro Mundial de las Familias. A este respecto, me propongo alentar, como lo hizo Juan Pablo II, "la estupenda novedad" (FC 51), el "Evangelio de la Familia", cuyo valor es central para la Iglesia y la sociedad. Yo mismo tuve la oportunidad de ser el Relator general de la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos sobre la Familia, celebrado en Roma en 1980. Fruto de dicha Asamblea fue la Exhortación apostólica Familiaris consortio, que analiza profundamente la identidad y la misión de la familia, a la que califica como "iglesia doméstica" y santuario de la vida.
Todos los pueblos, para dar un rostro verdaderamente humano a la sociedad, no pueden ignorar el bien precioso de la familia, fundada sobre el matrimonio. "La alianza matrimonial, por la que el varón y la mujer constituyen entre sí un consorcio para toda la vida, ordenado por su misma índole natural al bien de los cónyuges y a la generación y educación de la prole" (can. 1055), es el fundamento de la familia, patrimonio y bien común de la humanidad. Así pues, la Iglesia no puede dejar de anunciar que, de acuerdo con los planes de Dios (cf. Mt 19,3-9), el matrimonio y la familia son insustituibles y no admiten otras alternativas.
La familia cristiana tiene, hoy más que nunca, una misión nobilísima e ineludible, como es transmitir la fe, que implica la entrega a Jesucristo, muerto y resucitado, y la inserción en la comunidad eclesial. Los padres son los primeros evangelizadores de los hijos, don precioso del Creador (cf. GS 50), comenzando por la enseñanza de las primeras oraciones. Así se va construyendo un universo moral enraizado en la voluntad de Dios, en el cual el hijo crece en los valores humanos y cristianos que dan pleno sentido a la vida.
En esta circunstancia, me complace enviar mi cordial saludo a Mons. Agustín García-Gasco Vicente, Arzobispo de Valencia, Iglesia particular que prepara este Encuentro eclesial y que acogerá a familias del resto de España y de otros países.
Ya desde ahora encomiendo al Señor y bendigo a las familias que participarán o se unirán espiritualmente a dicho Encuentro. Que la Virgen María, Madre nuestra, que acompañó a su Hijo en las Bodas de Caná, interceda por todos los hogares del mundo.
Vaticano, 17 de mayo de 2005.
BENEDICTUS PP. XVI
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