lunes, 06 marzo 2006

LA "OTRA" OFRENDA

Por José Ángel Crespo Flor


Desde El Canyamelar de Valencia


Permitidme antes de nada que mis primeras palabras sean de gratitud y de enhorabuena. Gratitud porque Amparo Santaclara pensó en mi para que escribiera en el "llibret" de su falla (Barraca - Columbretes) justo en el año en que esta falla del Marítimo celebra su 25 aniversario. Enhorabuena porque como dice el refrán "de bien nacidos es ser agradecidos" y vivir una celebración de unas Bodas de Plata, sea el estamento que sea, siempre es para sentir satisfacción, alegría y dar la enhorabuena al colectivo que las celebra. De ahí mis dos palabras al comienzo: gratitud y enhorabuena. Dicho todo esto, por otra parte necesario según mi punto de vista, paso a desarrollar el tema del artículo.
La "otra" ofrenda. Sí, no me he equivocado. Sé lo que estoy diciendo. Es más... creo que como valenciano y fallero es para estar contento, satisfecho y orgulloso.
Que el Papa Benedicto XVI venga hasta Valencia en Julio de 2006 (ya se ha anunciado los días: 8 y 9 de julio) para clausurar el V Encuentro Mundial de la Familia es algo que marca a toda una Ciudad y a toda una Comunidad. Y a España, porque este - el de Valencia- será el primer viaje oficial que haga Benedicto XVI a España como sucesor de Pedro.
¿Y que tiene que ver el mundo fallero con todo esto?. Mucho. Primero por su valencianía y segundo porque va a ser protagonista de un hecho que va a marcar la historia de este colectivo ahora que estamos en los inicios del siglo XXI.
El hecho - ha salido en los medios informativos- de poder desfilar ante el Papa Benedicto XVI en una extraordinaria ofrenda a la Mare de Deu dels Desamparats permitidme que os diga: es un hecho de un incalculable valor. ¡Las fallas, la Fiesta Fallera va a ser vista en todo el mundo!.
Publicitariamente hablando lo que va a ganar la Fiesta Fallera es incalculable como incalculable será también que todo el mundo conozca de primera mano y reconozca el gran sentimiento que, para todos los valencianos, merece nuestra Mare de Deu dels Desamparats.
Nuestro arzobispo de Valencia, mons. D. Agustín Garcia-Gasco Vicente, muy sensible a todo lo valenciano ha vuelto a dar en el clavo y así lo hizo ver en la primera visita oficial que las nuevas falleras mayores de Valencia, Lucía Gil y Núria Llopis, acompañadas por el concejal de fiestas Felix Crespo y por el secretario de la Junta Central Fallera, Vicente Fayos le realizaron en Palacio Arzobispal nada más salir elegidas Lucía y Núria. Una oportunidad única la que tiene el mundo fallero para que el papa Benedicto XVI vea, contemple y disfrute con sus propios ojos esa única manifestación de amor a la Mare de Dèu que todos los años cuando llegan Fallas, los falleros y las falleras no dudan en hacerla y hacerla bien visible. ¡Es su forma de hacer apostolado!. ¡Una hermosa, muy hermosa forma de hacer apostolado!.
La falla Barraca- Columbretes, que celebra sus primeros 25 años como Comisión - tiene por lo tanto ya mucha historia a sus espaldas- no puede sino enmarcar esa celebración de sus Bodas de Plata en algo tan singular como es acompañar a esa efemérides esta otra frase para la historia "el mismo año en que Benedicto XVI visitó Valencia para clausurar el V Encuentro Mundial de la Familia".
Podéis estar contentos y orgullosos, como falleros y como gente del Marítimo. Celebrar una efemérides y celebrarla coincidiendo con un año que va a quedar para la historia es algo grande, muy grande y que solo los "números uno" como sois vosotros, falleros y falleras de la Comisión Barraca - Columbretes, pueden hacer coincidir.

Identidad nacional: del Estado católico al Estado autonómico

Por Roberto Rubio Díaz
La identidad nacional no puede ser ajena, mucho menos contraria, a la identidad de las personas que hacemos la nación. Desde esta clave humana me aproximo al momento político de España. Dos señas de identidad colectiva destacan en el periodo que va del final de la guerra civil hasta hoy: El “Estado católico” y el Estado autonómico”. Para entender la situación actual propongo ver estas dos señas como ecos anacrónicos e inerciales de los dos polos de la tensión social que traspasa los últimos siglos: la confesión religiosa y la exaltación de la autonomía individual y política, que deriva en laicismo como ruptura de los vínculos históricos entre religión y política.
El Concilio Vaticano II, hace cuarenta años, ponía de manifiesto el anacronismo de la confesionalidad estatal desde el principio de libertad religiosa y de conciencia, indicador del respeto a la dignidad humana, al tiempo que reconocía una sana autonomía para las realidades temporales. La valoración conciliar de la dignidad humana nos dejó una orientación doctrinal basada en la centralidad  de la persona humana: origen y destino de la vida pública. Conectaba así con el corazón del proceso histórico y nos proponía la clave para valorar lo común; porque la política, la economía y la cultura viven de una personalización de todo lo humano que anima también el proceso democrático, la libertad de iniciativa o la libertad de expresión. La declaración facilitó el cambio político en España, concretado en el actual Estado autonómico. Ahora, cuando resurgen viejos esquemas de confrontación que parecían desterrados después de la trágica primera mitad del siglo XX, necesitamos preguntarnos si de verdad hemos superado el anacronismo o estamos en la inercia del péndulo que adormece, entre sus vaivenes de nostalgia y evasión, la conciencia del presente, de los tiempos recios.
El Estado autonómico necesita un examen, hay demasiada distancia entre la alarma de muchos y la complaciente alabanza de las bondades del consenso constitucional. El protagonismo de la inercia nacionalista en la concepción autonómica de la política actual ha sido arropado desde el Estado con la referencia a la imprescindible descentralización del régimen autoritario.¿Hemos descentralizado, o hemos desarrollado una especie de Estado pulpo con tentáculos autonómicos, dos de ellos más prolongados que el resto?, ¿hay más autonomía personal; o más autonomías, más Estado y más control?. Desde la  prioridad del hombre sobre las estructuras políticas, el dilema al que debemos responder opone la descentralización como pasar de los “centros de poder” a la centralidad de la persona humana, a la descentralización como un mayor reparto del poder, que deriva en más centros y más poder.