viernes, 03 marzo 2006

¿SE PUEDE JUSTIFICAR LA TORTURA?

Maricarmen González Boschetti

¿Puede un fin bueno, justificar cualquier medio para lograr sus objetivos?

No podemos negar que en el mundo actual. Existen sistemas políticos y dictaduras, que abusan violentamente del poder y aplican leyes totalmente injustas; así mismo, existen estructuras carcelarias que lesionan la dignidad y libertad de las personas con torturas abominables. ¿Bajo qué argumentos se podría llegar a justificar acciones tan denigrantes para la persona?. Podría pensarse tan vez, en salvar vidas inocentes frente a las acciones de prepotencia de un terrorista, prevenir futuros males, como una manera de castigar al agresor ó incluso, para obtener confesiones oportunas. Sin embargo, ninguna de estas razones, son lo suficientemente válidas cuando está de por medio la vida y la dignidad de la persona.
Entendemos por tortura, al tormento corporal de diversas clases, que se inflige a un imputado o a un testigo, para obtener la confesión del delito o conseguir alguna declaración importante. Generalmente se acepta que la tortura está prohibida, ya que marca claramente un retroceso a una época más brutal; las sociedades más cultas, la rechazan rotundamente y sus regimenes han suspendido su uso. A pesar de esto, hoy en día, hay quienes piensan que la tortura bajo ciertas situaciones extremas, es no sólo permisible, sino moralmente obligatoria. Argumentos como “si la única manera de salvar vidas inocentes frente a un terrorista, es someterle al dolor más insoportable posible, ¿qué razones puede haber para no hacerlo. “¿Se le considera a la tortura como un acto de barbarie?, tal vez, pero los asesinatos en masa lo son mucho más”…... Tales argumentos, podrían figurar como válidos, cuando se pierde de vista a la persona humana.
Frente a esta problemática, la Iglesia, afirma que las autoridades no tienen nunca y bajo ninguna circunstancia, el derecho de torturar a las personas. No en cuanto que viola la integridad de la persona, ofende y denigra la dignidad humana, reduciéndola a un mero objeto. La tortura, no es aceptable en ninguna circunstancia, ni siquiera en casos de extrema necesidad, ni como medida aceptable para prevenir futuros males. En tal caso, justificar la tortura, sería tanto como aceptar un mal para prevenir otro.
Poner en la balanza vidas inocentes contra los “medios necesarios” para salvar a las personas, nos lleva a la siguiente reflexión: ¿Puede un fin bueno, justificar cualquier medio para obtener sus objetivos?. Bajo la perspectiva de una bioética personalista, el fin NO puede nunca justificar a los medios. Un fin bueno, necesariamente requiere que los medios también sean buenos.
El terrorismo, es una realidad que está cada día más presente en nuestras vidas y nos paraliza; sin embargo, el optar por la tortura como una opción válida para lograr mantener el orden, nos denigra como sociedad. No debemos olvidar nunca, que la violencia, genera más violencia. Si realmente lo único valioso en esta vida es la persona, nuestros esfuerzos deberán centrarse fundamentalmente, en proteger y salvaguardar esos derechos y garantías individuales, pero no a costa de los demás.
Entonces comprenderíamos, que la tortura no puede ser nunca una solución sensata y viable a este terrible mal. ¡Piénsalo!

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LA VERDAD COMO PRINCIPIO DE VIDA

Por Maricarmen González Boschetti

Cristo nos da Testimonio de coherencia, sencillez y autenticidad. Ser fiel a Cristo es ser fiel a la verdad, respetarla.

Pareciera como si hoy en día, la verdad no se contemplara como un valor universal, al menos no en la práctica. A veces se prefiere el éxito en los negocios, optando fácilmente por dar opiniones distorsionadas a costa de lo que sea, se manipula la información según los distintos intereses de las personas. Desafortunadamente, nos hemos acostumbrado a vivir en un mundo dónde se nos presenta continuamente “LA VERDAD A MEDIAS”. Un mundo dónde el tener o aparentar ser... son prioridad sobre el mismo ser, dónde cuenta más la imagen que la persona misma, así no es difícil encontrar mucha gente que renuncie a sus propias convicciones por quedar bien con los demás. Sin embargo, una vida construida sobre las apariencias y el fingimiento, acarrea graves problemas sociales. La falta de autenticidad, coacciona la libertad, pues te obliga a ser lo que no eres en realidad con tal de quedar bien. En este sentido, se genera una ruptura importante entre el ser y el actuar: coherencia de Vida. Se puede afirmar según varias encuestas publicadas en E.U., que el gran éxito de El Papa Juan Pablo II, radicaba en la autenticidad de vida, reflejada en la absoluta coherencia entre sus discursos, palabras, obras y su vida. Vivir en la verdad es una virtud muy necesaria hoy en día. El hombre más que nunca busca la verdad, justamente porque hoy es más difícil poder vivirla y es por eso que la valora más. Inmersos en este clima de insatisfacción constante, surge el deseo sincero de encontrar personas que sean cada vez más auténticas y que vivan en la verdad, dónde no haya “poses, ni apariencias”, dónde la persona pueda fundamentar su vida guiada por sus propias convicciones y no por los deseos de los demás. El reto es muy grande, sobre todo si hablamos de crear verdadera conciencia, en una formación integral de la persona dentro del ámbito de las comunicaciones sociales.
“Jesucristo, se define a sí mismo como el Amor, como La Luz del mundo, como el Camino, como la Vida y sobre todo como la VERDAD. Su misión se resume en dar testimonio de la verdad” (Jn 17,37)
“La veracidad es la virtud que nos hace ser siempre fieles a la verdad.”
“El amor es más fuerte” Miguel Carmena Laredo.
Podemos transformar esto. ¿Por qué hoy en día nos conformamos con verdades a medias?

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miércoles, 08 febrero 2006

¿QUÉ ES SER UNA PERSONA DIGNA?

            Por Mari Carmen González Boschetti


            La razón fundamental del valor y dignidad, está en el hecho de que la persona humana, goza de una interioridad que la constituye como sujeto y la abre al absoluto y por tanto, es “fin en sí mismo.”
Hoy en día, se habla mucho sobre la dignidad de la persona. Pero en realidad, poco sabemos acerca de esta maravilla. La razón fundamental del valor y dignidad, está en el hecho de que la persona humana, goza de una interioridad que la constituye como sujeto y la abre al absoluto y por tanto, es fin en si mismo; esto es lo que constituye su inviolabilidad y sus derechos-deberes fundamentales. El hombre abierto al absoluto, en su inteligencia y voluntad, participa de dicho valor y no necesita de otros seres intermedios. En este sentido, podemos decir, que la persona es fin en sí mismo. Podemos afirmar que la misión de la persona, su fin es la propia realización, a través de su vocación.

La persona es autónoma en esta auténtica dignidad, porque ha sido creada de tal manera, que puede orientarse por sí misma al absoluto. La persona, tiene una dignidad absoluta. Por tanto, existen los derechos y los deberes de la persona. Si es fin en sí mismo, nadie puede utilizarla como medio. Dios mismo, le confiere un valor absoluto, desde el momento de la creación, su valor y dignidad, le son dados por Dios.

A la persona, le toca alcanzar su propia realización. Tendrá que recorrer un camino que la lleve a la realización personal, logrando esto a través del ejercicio de autoconciencia y a la autodeterminación. Los derechos naturales como el derecho a la vida, al propio pensamiento etc., constituyen la afirmación de la persona. La persona por sí misma, ya tiene un valor por su existencia. La razón imprescindible para el sentido de la historia, es compartir el amor con los demás. La exigencia, la vocación, es la llamada a amar a las personas. Es hacernos dignos de ser amados. La vocación, es el amor, amar al prójimo, que no es amar lo que a uno le conviene, sino descubrir el amor por el cual existe la persona igual a mí.

El ser persona, depende de una relación completamente personal. Yo me hago persona a través de hacerme meritorio por mis obras realizadas de acuerdo a mi vocación, de recibir ese amor. La dignidad no es sólo por ser amado sino es una dignidad, que tengo que asumir y ser responsable. La persona está en vías de ser una mejor persona. Por tanto, también está en proceso de ser una persona más digna.

Se universaliza la dignidad. La acción del amor es una acción de relaciones. Lo que me hace persona, es mi relación de amor con los demás. La vocación de las personas, está encaminada al  amor. Hacernos dignos de ser amados. Lo que me hace una mejor persona, no son los talentos, sino el venir al mundo y amar al prójimo. Debemos responder a la vocación fundamental del amor. Todos tenemos al nacer una dignidad ontológica, con la cual nacemos y nos es dada por Dios; sin embargo en ese proceso de perfeccionamiento de la persona de ir realizando su vocación y asumiendo su vida, se va haciendo cada vez más digno como persona. Es cuando la persona toma decisiones, que se convierte como en una especie de mediador, del sentido de todas las cosas que existen. Al elegir algo, estoy eligiendo un cúmulo de relaciones y es ahí dónde tengo la posibilidad de crecer humanamente como persona a través de ir realizando  mi vocación.

Una persona que por el contrario, no toma decisiones propias en su vida, es una persona desperdiciada, ya que no pone en relación sus talentos, su fundamento trascendente consigo mismo, con los demás o con el mundo. Me hago mejor persona no por una decisión, sino por las decisiones que me ponen en relación con los demás o conmigo mismo y le dan sentido a mi vida. Algunas de las características fundamentales de la persona son: es unidad única en sí, para sí y por sí mismo hacia una vocación. Tiene la capacidad de relaciones de intimidad e interioridad, de autonomía y de libertad para actuar. Posee una incomunicabilidad, esto es que la persona  no es transferible, es única. Somos seres abiertos a la comunicación y a la relación con los demás. También cada persona, es un vértice único, es decir es insustituible, con carácter único y forma indisponible. La persona es totalidad e integridad.

Debemos buscar el bien total de la persona siempre. La integridad va enfocada al cuerpo, alma y espíritu, un todo de manera integral. A través de la fe, se nos la caridad, que le da sentido al sufrimiento, incluso cuando no se puede eliminar humanamente. La existencia cristiana, es lucha y el Evangelio, nos da de ello un claro testimonio. El hombre que es realmente religioso, cristiano, se cuestiona y se rebela. En cada nuevo individuo humano, se da la creación inmediata del espíritu por parte de Dios. Esto es una intervención sobrenatural. Es por ello, que la razón última del valor y dignidad del hombre, radica precisamente en ser espíritu creado directamente por Dios. La persona es este sentido tiene un valor absoluto. La estructura misma del hombre, que es su inteligencia y libertad, nos ofrece la oportunidad de afirmar el carácter absoluto de la persona; ya que tanto la inteligencia como la voluntad, están abiertas al Absoluto.

La persona es pues, fin en sí, es autónoma y esta es su auténtica dignidad, porque ha sido creada de tal manera que puede orientarse por sí misma al Absoluto. La esencia de la persona, está en su relación con Dios. La persona nace con la plenitud de una naturaleza ya realizada en su constitución ontológica; pero no en su constitución psíquica y moral, ha de ir caminando un largo trayecto que la lleve a su realización como persona, a través del sano ejercicio de la autoconciencia y la autodeterminación. Por lo que el valor absoluto de la persona, es el fundamento próximo de la ética, mientras que el fundamento último es Dios. Sólo Dios, puede hacer al hombre totalmente libre y ser el verdadero y único fundamento de su libertad. Es por ello fundamental, una verdadera obra educativa y formativa en dónde se ayude a concienciar al hombre acerca de la verdad, el amor, el respeto a la vida y las relaciones justas entre las personas.

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